Perro sí, gato no

"Perros de campo" que no ladran y se comen (Janina Pérez Arias)

Todo el mundo sabe – o al menos mucha gente tenía la sospecha- que los chinos comen perro. Pues así es, aunque la leyenda que reza “me metieron perro por pollo”, no corresponde a la realidad.

Comer perro en ese inmenso e insondable país es caro, no se sirve en todos los restaurantes, y tampoco se somete a equivocaciones o vivezas del cocinero de turno; ese mismo es el caso de los gatos y las ranas, para poner solamente dos ejemplos.

Quien quiere comerse un can (picante en la gran mayoría de los casos e independientemente de la región), tiene que buscar muy bien donde se mete, sobre todo si se trata de ciudades grandes como Pekín o Shangai donde esa costumbre milenaria está perdiendo terreno frente a lo “políticamente correcto” sutilmente impuesto por la influencia occidental.

En la China profunda el panorama cambia. En un viaje por la provincia de Guilin, Sam  (nombre “cristiano” de mi guía) dice con una sonrisa que desborda amabilidad: “¡Pero no comemos chihuahua…!” Con esta frase quería poner en claro que no todos los canes son sometidos al cuchillo, especias y ardiente sartén de los cocineros.

Solté un suspiro de puro alivio, y de repente La Negra, Kitty, Samanta, Dulcinea, Gipsy, Topacio, Raki y Bianca -para más información, mis perros desde la niñez hasta bien pasada la adolescencia- vinieron a mi memoria.

(Lee la columna completa en tanfemenina.com)

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