Crónicas 2.0 – La 59 edición del Festival Cine de San Sebastián

La 59 edición del Festival Cine de San Sebastián

Con un nuevo director y con la trinchera cavada para cercar a la crisis económica, el festival donostiarra emprende una nueva ruta: la de hacerse mayor y más importante. Aquí un par de anécdotas y un pequeño recuento

Glenn Close antes de recibir el Premio Donostia en San Sebastián (Foto: Janina Pérez Arias)

El Festival de Cine de San Sebastián ha asumido de una vez por todas que quiere hacerse mayor. Pide a gritos que le salgan arrugas, peinar canas, que le afecten esos calores menopáusicos, que le tomen en cuenta como uno de los eventos cinematográficos de peso en Europa.

Eso no es fácil. Y en el umbral del otoñal 60 cumpleaños, la nueva dirección encabezada por José Luis Rebordinos, parece estar dispuesta a muchas cosas, menos a sucumbir ante la crisis – ¡Oh, la crisis!-, recortes de presupuesto – acuérdense que en tiempos aciagos lo primero que siempre desaparece es el apoyo a la cultura- o incluir en programa películas de baja calidad.

Para ponerlo claro, ya que a todos nos afecta, esto de llevar un festival internacional del séptimo arte es como hacer dieta: cuando alcanzas un “objetivo”, se hace bien difícil mantenerse y mejorar.

Este año, San Sebastián mostró una figura muy cercana a la ideal, con nuevas secciones (la de cine culinario, un poco tarde tomando en cuenta la gran fama de la gastronomía vasca), presencia de estrellas tipoHollywood de esas que aseguran interés y titulares a nivel internacional (como Clive Owen, Michael Fassbender, Glenn Close y Antonio Banderas), así como una balanceada sección oficial en la lucha por la Concha de Oro.

Parte de la alfombra roja camino al Kursaal (Foto: Janina Pérez Arias)

Ya con el jurado la cosa parecía meterse en cintura. La gran actriz Frances McDormand, fue la batutera del grupo conformado por el realizador español Alex de la Iglesia, el escritor y también director Guillermo Arriaga, la actriz china Bai Ling (quien hizo un verdadero despliegue de zapatos imposibles, elevándola a peligrosas alturas), como los más conocidos. Con personajes tan diferentes y de tan reconocidas carreras, se esperaba que el nivel de exigencia fuese considerablemente alto.

La distribución de los premios, como en todos los festivales de cine, siempre se convierte en la parte menos popular. Se abuchea y aplaude por igual, sin miramientos y sin consideraciones.  La prensa española no escatima en mostrar su agrado o enojo hasta teniendo enfrente al ganador (o ganadores) menos esperados y (mal) queridos.

Los foráneos hasta lo entienden (“esa sangre ibérica es demasiado caliente”, tratan de explicárselo), pero los propios no lo perdonan… Y es cuando se prende la mecha del polvorín, tal como se vio al ganador de la Concha de Oro (Isaki Lacuesta, por Los Pasos Dobles), quien en vez de disfrutar de su triunfo, lo que hizo fue arremeter cual toro enfurecido contra aquellos que le criticaron y despellejaron su película, difícil de entender, pero hermosa de ver. Esa sangre ibérica tan traicionera, tan apasionada, tan – tan…

Las botas del gato Banderas (Foto: JPA)

(Lee la crónica completa en DOMINICAL online)

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