Negro sobre blanco- Entrevista con Pablo Trapero a propósito de “Elefante blanco”

«En Latinoamérica tenemos en común la frustración hacia un montón de sueños sin cumplir»

Con Ricardo Darín y Martina Gusman en los roles principales, el realizador argentino estrena «Elefante blanco». Con su séptimo largometraje se adentra en una barriada porteña para diseccionar la fe religiosa y la vocación social inmersos en ese microcosmo donde conviven el narcotráfico y la (des)esperanza a los pies de una metafórica mole de cemento

A esas alturas de la tarde el consumo de café de Pablo Trapero (Buenos Aires, 1971) ya había superado la cantidad recomendada. No era para menos, el estreno de su nueva película en el Festival de Cannes, en la sección «Una cierta mirada», lo tenía trepado en el vertiginoso carrusel de entrevistas, de llamadas a Buenos Aires, descansos a cuentagotas, ese trajín habitual para el realizador que con cada película pareciera que se apuesta tratar de superarse a sí mismo.

Sin querer demostrar un entusiasmo tempranero, Trapero sorbía de a poco la enésima taza del brebaje oscuro. «Elefante blanco», con Ricardo Darín («un buen compañero, además mi compinche», como clama) encarnando al incansable sacerdote Julián, Martina Gusman (su esposa en la vida real) en el rol de la trabajadora social Luciana y el belga Jéremié Reiner como el cura Nicolás, a sus pocos días de estreno en Argentina, ya había alcanzado una cifra considerable de espectadores.

«Esa es una buena señal -comenta Trapero con emoción controlada-. Hay mucha curiosidad por parte del público, y me gusta que la gente decida ver mi película», para luego esbozar una sonrisa al reflexionar frente al hecho de que esa historia está enclavada en una barriada de Buenos Aires, «los cines están pidiendo más copias, pero piensa que cuando antes les ofrecías una película sobre problemas en una villa, te miraban con recelo».

Con su séptimo largometraje, el argentino quien dirige, produce y firma el guión, se infiltró con su equipo en Villa Ciudad Oculta, brotada a los pies de un enorme edificio construido bajo el lema de lo que pasó a ser una gran utopía: convertirse en el hospital público más grande de Latinoamérica. Los llamados padres tercermundistas, Julián y Nicolás, junto a la asistente social Luciana, tejen una intensa -y tal vez ingenua- labor en pos de subsanar los problemas de ese microcosmos feroz donde cunden el narcotráfico y la desesperanza.

(Lee la entrevista completa en GARA del 15.07.2012)

 

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