Roma, ¿amarla? ¿odiarla?

SONY DSCA pesar de estar atestada de turistas, Roma nunca pierde su encanto. O tal vez sí…

Dejas de verla con ojos de pasión justo cuando haces el check out en el hotel, al pasarte una factura por concepto del impuesto al turista.

Pero un momento, no fui esta vez a la capital italiana de turisteo, sino por trabajo…

Demasiado tarde, mi estado de shock ante los 15 € que la amable recepcionista me pedía, hizo que mi reflexión llegara cuando ya rodaba mi maleta en dirección a la estación central, donde viviría mi segunda decepción a pocas horas de abandonar la capital italiana.

SONY DSCMenos amor empecé a sentir a bordo del Leonardo. Después de haber comprado mi boleto en la agencia de viaje estratégicamente situada en el anden de salida del tren hacia el aeropuerto con el nombre del gran genio italiano.

En dicha agencia no me informaron que debía validar mi billete antes de abordar. Por eso el controlador del tren pretendía cobrarme 40 € de multa. Con el mejor de mi itañol me negué rotundamente a pagarlos, o más bien a ser víctima de lo que sospecho es una “componenda” entre quien expide el boleto y quien lo controla.

Mucho Francis Ford Coppola hace daño, lo sé…

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¡Ay, Roma, cómo te quitan encanto…! ¿Tan malquerida eres que tu propia gente se empeña en afearte?

Tratando de quitarme ese amargo sabor, saqué mi cámara y empecé a ver las fotos que me hicieron rememorar las pocas horas de recorrido por esa aún impresionante ciudad.

SONY DSCEstando en Roma se reafirman todos los clichés, y se empieza a hacer una lista con unos cuantos nuevos. Terminas lanzando una monedita en la Fontana di Trevi, sentándote un rato en las escaleras de la Plaza de España, y pagando más de dos euros por una bola de helado.

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¿Y qué más da? Estás allí en el medio del escenario de Ángeles y Demonios (sí, me lo leí y me gustó…), y aparte de recrear los momentos más cumbres (y sangrientos) de ese libro, rememoras las increíbles imágenes de Roberto Rossellini, y la dolce vita de Marcello Mastroianni y co.

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Pero también la realidad viene y te da un bofetón, haciéndote aterrizar en una Europa encabronada, con un día sí y otro también de voces de descontento que se alzan. Y te dan ganas de gritar con ellos, porque son los mismos males, los de siempre, los eternos.

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Tal vez distintos a los del venezolano descendiente de italiano con el que coincidí cenando en una terraza, entre maravillado y triste por poder caminar libremente por las calles romanas vestido de turista, y no en la ciudad venezolana donde reside. Quizá los problemas europeos sean menos dramáticos que los venezolanos, menos de vida o muerte, pero todos miserias al fin.

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No más salir de la estación de metro de Coliseo, me vi en el centro de una protesta de estudiantes. No me lo esperaba, pero tampoco me extrañó.

SONY DSCComo en casi toda Europa, los chicos romanos estaban protestando por los recortes en el sector educativo, uno de los tantos motivos que hace que la gente deje de lado el letargo para salir a la calle con pancartas y tambores.

Cosa que se desluce cuando un par de “nostálgicos”, votan por el “brillante pasado” de una lamentable figura como lo es la de Silvio Berlusconi.

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SONY DSCSatisfecha con mi pequeña batalla ganada al controlador, el Leonardo me alejaba cada vez más de Roma. ¿Cómo no amarla? ¿Cómo no odiarla?…

Fotos y texto: Janina Pérez Arias

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