Danièle MAZET-DELPEUCH: Cocinera, escritora, aventurera

«François Mitterrand quería volver a comer la cocina de su abuela»

Después de su paso por la sección Culinary Cinema de la edición del pasado año del Zinemaldia de Donostia, acaba de llegar a nuestras salas comerciales «La cocinera del presidente», una película francesa que relata la aventura de una mujer del Périgord frente a los fogones de la máxima autoridad del Hexágono

Escena de La cocinera del Presidente - Festival de San Sebastián 2012

Escena de” La cocinera del Presidente” – Festival de San Sebastián 2012

La apariencia de Danièle Mazet-Delpeuch engaña. Detrás de esa mujer que parece una tierna abuelita está una emprendedora quien durante dos años (de 1988 a 1990) fue la cocinera personal de François Mitterrand.

Hasta los 19 años no empuñó cacerola alguna, y ya con cuatro hijos correteándole, a los 25, fue cuando decidió dedicarse de lleno a la cocina. Eso no se ve en «La cocinera del Presidente» (de Christian Vincent) con Catherine Frot como Hortense (una recreación de la Daniéle verdadera), porque «no es el tema», explica Mazet-Delpeuch hasta dónde permitió que se entrara en su intimidad, «es que la película se trata de cocina, de cómo te entregas a tu trabajo para hacerlo mejor».

Ya en su libro publicado en 1997, «Carnets de cuisine du Périgord à l’Élysée», había contado algunas anécdotas de su paso por el Palais de l’Élysée, a donde llegó por recomendación del chef Joël Robuchon.

Sin embargo, lo de hacer una película que llevaría como título original «Les saveurs du Palais», vendría mucho más tarde, sumándose a las aventuras de esta septuagenaria, quien está armando su próxima travesura con olor a trufas en la lejana Nueva Zelanda.

Proveniente de Périgord, antes de encargarse del menú diario de Mitterrand, Danièle había fundado la École d’Art et Tradition Culinaire du Périgord (en 1979) y puesto en marcha en 1974 el Week-end foie gras et trufes, convirtiendo la granja, donde desde siempre había vivido, en una especie de restaurante-escuela, impartiendo conocimientos de la cocina regional.

Y eso era lo que buscaba Mitterrand en el umbral de su segundo mandato presidencial. Tal vez harto de los manjares cinco estrellas, y con ansias de poder volver a disfrutar de los sabores de su infancia.

(Lee la entrevista completa en Gara)

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