Entrevista con Costa-Gavras

“No hago películas para salvar el mundo

Con 80 primaveras cumplidas y 50 años de carrera, el director franco-griego sin duda alguna es una de las referencias de la cinematografía mundial

costa-gavras-capitalLos calcetines rojos de Costa-Gavras (Atenas, 1933) rompen con la sobriedad de su chaqueta oscura. Como un guiño de travesura, se asoman por el dobladillo de los pantalones beige, y con cada cruce de piernas aparecen y desaparecen. Pero lo que nunca se ausenta de ese rostro surcado por las arrugas, la experiencia y cierta sabiduría, es una amable sonrisa, que de vez en cuando muta en carcajada.

A sus 80 años, Konstatinos Gavras no solamente se permite este toque juvenil en su atuendo, o sonreírle tanto al presente como al pasado. Como antaño, como sus películas más conocidas, sigue siendo un realizador “incómodo” para las estructuras establecidas (políticas, económicas y sociales), contestatario, y cómo no, fiel a su trayectoria cinematográfica y a sí mismo.

Con su filme Missing logró que el gobierno de Estados Unidos le declarara “persona non grata”, lo cual no impidió sendas nominaciones al Oscar en 1983, y la estatuilla dorada para el protagónico de Jack Lemmon. En 50 años de carrera Gavras ha sabido poner el dedo en varias llagas. Y tal como lo hizo con Desaparecido, ya lo había conseguido con Z (1969), La confesión (1970) o Estado de Sitio (1972).

Con El Capital (2012) vuelve a la carga, y esta vez el realizador franco -griego se ocupa del mundo de las finanzas, develando el modus operandi de sus tiburones y aves de rapiña. La codicia en su máxima expresión -y en forma de thriller- basada en el libro homónimo de Stéphane Osmont, fue presentada en el Festival de San Sebastián de 2012, y días antes de esa cita cinematográfica ya había conseguido la simpatía del público en el Festival de Toronto.

Costa-Gavras estuvo moldeando la historia de El Capital durante varios años a cuatro manos, primero con Karim Boukercha, luego con un habitual colaborador, Jean-Claude Grumberg. Y poco faltó para que, a causa de falta de financiamiento, el proyecto se quedara encajonado.

Evidentemente satisfecho con el resultado, esta historia de periódico-de-todos-los-días, no impide que el hombre de los calcetines rojos, y castellano aderezado con palabras en italiano y francés, entreabra el baúl de los recuerdos, para luego volver a un presente que asemeja una bola de fuego entre sus manos.

“De niño, durante la ocupación nazi en Grecia, no había luz”, evoca, “así que nos poníamos alrededor del fuego en aquel sitio donde vivimos por tres años, y mi padre y los otros hombres se ponían a contar historias. Me fascinaba… Eso es precisamente el cine”.

 

(Lee la entrevista completa en Sala de Espera Venezuela)

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s