Aires de nuestros tiempos en la Berlinale

La cinta chilena Una Mujer Fantástica, de Sebastián Lelio, entre las premiadas en la 67 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín

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(Daniel Vega en “Una Mujer Fantástica”, de Sebastián Lelio / Festival Internacional de Cine de Berlín)

Si se realizara una estadística de cuál fue el nombre más aludido durante la 67 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, sin duda alguna sería el de Donald Trump lideraría todos los sondeos.

Como en una de esas películas de horror japonesas, la sombra del recién juramentado presidente de los EEUU hace que se le ponga la carne de gallina a la gente del cine, sin importar la nacionalidad, aunque los estadounidenses fueron quienes disertaron más profundamente sobre el porvenir de ese país. Siendo pues Trump fijo en cada conversación, en todas las ruedas de prensa oficiales, durante la hora del cafecito, entre filmes y encuentros informales, el otro tema que en cierta forma “amargó” la fiesta cinematográfica europea fue el Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea).

El famoso actor Richard Gere, quien presentaba The Dinner (dirigida por Oren Moverman), película en competición, cortó en seco a quien osó dibujarle la hipotética (e imposible) idea de invitar a Trump a una cena. Mientras que Patrick Stewart, co-protagonistas junto a Hugh Jackman, de Logan (de James Mangold), filme presentado fuera de competición, se adelantaba a una posible pregunta disculpándose por anticipado por “el lamentable” resultado del referendo para darle luz verde al Brexit. Y esto son apenas dos ejemplos de la fábrica de titulares durante los nueve días de Berlinale.

No es nada nuevo que los temas políticos invadan lo que se supone debe ser una cita donde el cine sea el rey, y es que el Festival Internacional de Cine de Berlín, desde hace 67 ediciones, siempre ha albergado en su esencia los aires de nuestros tiempos, así como tintes, posiciones, diálogos, preocupaciones, molestias y otros estados de ánimos concernientes a “la gran dama” de la política.

Se esperaba entonces que esta Berlinale tuviese un palmarés de “sentar posiciones”, y eso lo logró en regular medida el jurado presidido por el director y guionista holandés (generador de muchas divinas polémicas, cabe apuntar) Paul Verhoeven (Bajos Instintos, RoboCop, Elle), ya que el máximo galardón, es decir, el Oso de Oro a Mejor película fue destinado a una apasionada historia de amor entre dos compañeros de trabajo de un matadero, la cinta húngara On Body and Soul (escrita y dirigida por Ildikó Enyedi).

(Lee la crónica completa en DOMINICAL)

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