Berlineando 5

En mi pausa del café

No es que mi quinto día de Berlinale ya haya terminado, pero tengo una pausita más o menos larga para escribir un poco.

Me desperté pensando en la última película de ayer, llamada Revolución. A los venezolanos que no se asusten, ya que no tiene nada que ver con el innombrable… Se trata de diez cortometrajes de directores mejicanos para conmemorar las andanzas de Pancho Villa y Emiliano Zapata. En este proyecto participaron, desde muy conocidos como Gael García Bernal, Diego Luna (ambos muy novatos en la dirección), Carlos Reygadas, Fernando Eimbcke, Rodrigo García (el hijo de Gabo, quien vivió muchos anoss en México) y Rodrigo Plá, hasta realizadores cuyos nombres suenan menos, pero que no les quita mérito alguno.

Cada uno de los cortometrajes que conforma Revolución, hace despliegue de una asombrosa calidad tanto narrativa como visual. Y aunque los temas son muy diversos, son constantes la presencia de la muerte, las referencias religiosas, el amor a la tierra, y el darnos cuenta de que – oh amargura…- pese a la revolución, muchas cosas no han cambiado. Tengo muchas expectativas con las entrevistas con ellos…

Lucio, de García Bernal (Berlinale Special)

En esta misma onda latinoamericana, tuve una interesante entrevista con el boliviano Juan Carlos Valdivia, quien acaba de obtener dos premios en el Festival de Sundance por su película Zona Sur. Valdivia pone el dedo en la llaga, tocando el clasismo y el racismo en su país, y eso que afirma no tener el papel de abrirle los ojos a sus compatriotas, ni mucho menos a los latinoamericanos. Cuenta también que su película es un “frankestein” de experiencias, y sobre todo de vivencias familiares. Espero vender esta entrevista porque de verdad que vale la pena que se publique.

Hoy fue el día de las historias que empiezan con: “Estaba preso y lo soltaron…” Muy temprano – como todos los días- me encaminé para ver la primera película. La alemana Der Räuber (El Ladrón) no llegó a conmoverme ni un poquitito; es más, casi le cojo rabia al personaje principal. En cambio la noruega, A Somewhat Gentle Man, posee todo lo que una buena película debe tener: buena base dramática, adecuado lenguaje cinematográfico, excelentes actuaciones, personajes bien desarrollados, y diálogos muy cercanos a la realidad. Seguro que se me olvida algo, pero no me voy a quedar sin escribir que este filme no debe pasar desapercibido ante los ojos del jurado de la Berlinale.


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