En San Sebastián 2010: cosas que salvan

Parece mentira que siendo la capital de unos de los mejores placeres como lo es el comer, en San Sebastián la gente aún ponga cara de circunstancia cuando le pides compartir mesa en cualquiera de los atiborrados bares de pintxos que abundan en la ciudad.

Acababa de recibir una extraña negativa de tres en mesa de cuatro, y estaba desconcertada haciendo malabares con un mega bocadillo de tortilla con chorizo (del Bar Juanxo)  en el medio del minúsculo comedor de mesas de kindergarten. De repente un “vente para acá” salió justo a mis espaldas. Eran Isabel y Nati, lugareñas, en sus mejores 50 y para más señas amantes del Festival de San Sebastián.

Iban de salida, dijeron, pero me hicieron de grata compañía lo que duró aquella cosa deliciosa – y después me quejo de mis dimensiones…- “En esta peli salgo yo”, dijo Nati a la vez que señalaba en el programa de proyecciones el nombre de una película vasca, y fue como si imitase a un pavo real abriendo para presumir su cola. Ambas, además de faranduleras perdidas, están “fichadas” por una agencia de talentos, comparsas y lo que venga en ese estilo.

Si se tiene suerte, se puede disfrutar de este tipo de experiencias, a los que catalogo como “encuentros del cuarto tipo”.

Interior del Teatro Victoria Eugenia

Así como Isabel y Nati me salvaron de un aburrido almuerzo en solitario, dos filmes de la sección Horizontes Latinos (solamente de filmes latinoamericanas) hicieron que mi día peliculero tuviera sentido.

La Vida Útil (de Federico Veiroj) y Octubre (de Daniel y Diego Vega) le dan al cine latino un nuevo impulso. Ambas son historias pequeñas, íntimas, de una osadía que apabulla y da esperanzas en ese séptimo arte que día a día se va llenando más de efectos especiales y 3D.

Daniel Vega en "el desayuno" de Horizontes Latinos

Días antes, Las Marimbas del Infierno (de Julio Hernández Cordón) había causado este mismo efecto en mí. “¿Una película de Guatemala?”, me preguntó con sorpresa mi vecino de butaca. Tal como lanza en forma de post data Hernández Cordón en su película: “Guatemala es un país imposible para hacer cine…” Afirmación extensiva a toda Latinoamérica.

Sin embargo, allí están los realizadores latinoamericanos, tal como mi Isabel y Nati, dispuestos a salvarnos del aburrimiento y de la monocromía del cine de cada día.

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