Venecia 5 y final

Finalmente la 67 Mostra di Venezia llegó a su fin. Fue quizá la edición con menos brillo, si comparo con los años anteriores. Muchas gente anunciada o/e “importante” para darle cierto realce al evento, no se asomaron por el Lido, lo cual dejó un mal sabor de boca entre los periodistas acreditados y la (des)organización de uno de los festivales de cine más importantes de Europa.

A pesar de que el mundo del cine asemeja a un barrio donde todos los vecinos se conocen, jamás se había visto que el presidente del jurado principal estuviera tan involucrado –de una u otra forma- con muchos de los directores y actores de la selección oficial correspondiente a la competencia, es decir, los que optan a los leones y a las copas.

Tarantino en la rueda de prensa final

Quentin Tarantino está muy alejado de ser un tipo discreto, que oculta lo que le gusta o no. Al entrar en la sala de la conferencia de prensa, fue abucheado por unos cuantos, a lo que el director respondió con un gesto obsceno (que no fue el mostrarles el dedo medio…) Esto dejó fuera de combate a los abucheadores, quienes no se esperaban semjante reacción.

Otra muestra de su “transparencia” la había dado días antes en la proyección de gala de la película Balada triste de Trompeta (una de mis favoritas para los premios gordos) donde Tarantino no paró de reír a carcajadas, y como cualquier otro emocionado espectador, le rindió con pasmosa sinceridad un standing ovation a Alex de la Iglesia.

En el cóctel ofrecido por los productores de Balada después de la proyección, le comenté a Alex lo de las risotadas de Tarantino. “¡Joder, ¿era él?! –dijo- Yo me pasé toda la película preguntándome ¿quién se ríe así?”

Alex de la Iglesia en "su gran momento", después de haberle dado tremendo beso a Tarantino

Desde esa noche se supo que Balada triste de Trompeta iría para el baile final. Las risas resultaron León de Plata para el director español, quien en la rueda de prensa final estaba literalmente borracho de emoción con ese subidón de adrenalina.

La otra persona “íntimamente” relacionada con el presidente de sombrero y botas texanas era Sofia Coppola. Sin embargo, más allá de esa historia de amor, que ya pertenece a un pasado remoto –al menos para los no involucrados…-, no parecía tener una influencia certera debido a la gran calidad de Somewhere, el filme presentado por la nena de Francis Ford Coppola. Una película que, bien como lo dijo Tarantino, se te queda colgada en la memoria.

Cruce de "miradas" entre Tarantino y Coppola

Somewhere no convención de forma unánime. A algunos les parece aburrida, a otros les resulta otro “lost”… En fin, a mí personalmente esa película me emocionó. Sofía hace que el espectador sienta con tan sólo una imagen, sin necesidad de llantos ni gritos ni desgarramientos; son emociones que están en una segunda lectura o debajo de la piel. Una cosa muy, muy difícil de lograr.

Prometí no escribir ni una sola línea de Vincent Gallo – supuestamente amigo personal de Tarantino-, así que me traiciono a mí misma… Gallo quien llevó a Venecia Essential Killing (de Jerzy Skolimowski) como protagonista, Promises Written in Water (como hombre orquesta y centro del universo…) y el cortometraje The Agent, no tuvo la delicadeza ni decencia de hacerle frente a la prensa.

Gallo estuvo todo el tiempo en Venecia jugando a ser “la estrella”, tapándose ridículamente la cara con una bufanda ante los fotógrafos, pero eso sí, siempre a pie por Lido o sentado en las terrazas de los restaurantes en las mesas más cercanas a la calle para ser visto. Para muchos – me incluyo- Gallo es un falta de respeto, un egocéntrico con delirios de grandeza (creo que aquí redundo), un tipo de meras poses que tuvo un estrellato en los 90, pero que ya pasó a la historia sin penas ni glorias. Hablar sobre él es referirse al pasado, a aquel Buffalo 66 o a su colaboración con Calvin Klein… Hace nada Francis Ford Coppla intentó “recobrarlo” en Tetro, pero de nada le sirvió.

La desolada alfombra roja de Venecia

Al parecer Vincent Gallo hizo un buen trabajo en Essential Killing, lo cual le significó el premio a mejor actor, aunque hubo muchas mejores interpretaciones, como la de Paul Giamatti en Barney’s Version o la de Alfredo Castro en la excelente película chilena Post Mortem.

Que el creador de Pulp Fiction se haya dedicado a premiar a sus amigos, no puede ser confirmado al 100% a pesar de ser algo evidente. Los comentarios van más allá, y a ese premio especial a Monte Hellman genera una maliciosa lectura. Se dice que Tarantino saldó una “cuenta pendiente” con Hellman (también en concurso con una extrañísima –sin llegar a lo David Lynch- Road to Nowhere), ya que este director de cine independiente es uno de los principales responsables del despegue de Quentin en el mundo del cine.

Con Monte Hellman

El inmenso cráter preparado para erigir el nuevo Palazzo (con fecha aunque incierta para el 2015) es como una metáfora del foso en el que está sumida la Mostra di Venecia, la cual cada edición pierde terreno frente al Festival de Toronto. Para el próximo año el panorama no está muy claro, con nuevo director, con las eternas luchas políticas para conseguir las subvenciones, con los productores que prefieren la vitrina de Toronto a la del Lido… En fin, la Mostra se ha metido en un hueco del cual le será difícil salir y recobrar el brillo de antaño.

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