Los guerreros del Emperador

La ciudad de Xi’an o Xian es el punto de partida para llegar a los guerreros chinos más famosos del planeta. Nada que ver con Kung fu, aunque no dudo que entre las habilidades de ellos se haya contado la del dominio de las artes marciales.

Bajo una lluvia veraniega, nos dirigimos en un grupo organizado por el hostal donde me quedé durante cuatro días, al territorio donde se encuentra la armada de terracota del primer Emperador chino Qin Shi Huang.

En el autobús uno de los pasajeros (un workaholic canadiense de orígen indio), que viajaba con parte de su familia, se dedicó a completar las informaciones de la guía china (“June, como el mes”, dijo que era su nombre occidental)

"June", la guía de la excusión al final del viaje.

El turista canadiense-indio, que no paraba de llamar a Canadá por cualquier tontería, contó que en su primer viaje (sin su familia, por cierto) había conocido al hombre que en 1974 descubrió por casualidad a una mínima parte de la armada. Nadie se imaginó en aquel momento de lo que había bajo tierra.

Muchas fueron las leyendas que circularon por toda China a propósito de la tumba del Emperador, la cual se encontraba en secreto. Hasta hoy han sido descubiertas unas 7 mil figuras de caballos y guerreros de diferentes rangos, todos en tamano natural, armados y según estudios todos estaban cuidadosamente pintados.

Entre todos los cuentos que se transmitieron durante generaciones, a través de las diferentes dinastías y sobreviviendo a los estragos de la Revolución Cultural, se dice que las 48 concubinas de Qin fueron también enterradas vivas con el Emperador; la misma suerte tuvieron los trabajadores de la mega-tumba, pero esto fue por “medidas de seguridad” para que no revelaran el lugar donde se encontraba la última morada de Qin.

La armada está distribuída en tres fosos, los cuales están bajo techo. Algunos están cubiertos por lonas y/o plásticos para evitar el rápido deterioro mientras se hacen las excavaciones.

De verdad que es impresionante ver esas figuras que normalmente pululan en réplica por todo el mundo.

“No me odien, pero tenemos que hacer una parada aquí…”

Así se disculpó June ante la inminente visita a una “tienda para turistas”, la cual se encuentra estratégicamente en el camino hacia los guerreros de terracota.

Para los “shopperos” compulsivos (muchos…) fue una súper oportunidad para sus dosis diaria; sin embargo, para otros la cosa fue interesante al ver de dónde salen algunas de las reproducciones de los guerreros de Qin que luegon van a parar a cualquier lugar del globo terraqueo.

Las mujeres (unas cuatro) que en ese momento estaban trabajando en el taller, ni se inmutaron ante la presencia de los curiosos turistas.

Ya estarán acostumbradas a estos asaltos de cámara en mano; pero hasta me imaginé que cuando en la tienda-taller no hay visitantes de zapatito de goma con medias blancas y bermudas, las trabajadoras hacen lo que muchos chinos: se echan a hacer la siesta.

Aquí todo es posible: desde comprar el molde para hacer las copias en casa, hasta mandar a hacer un guerrero con la cara de quien lo encarga o de una persona famosa. Y eso no es broma…

¿Qué diría Qin al ver que su reproducción cuesta sólo un poco más (casi 60 euros) que sus guerreros, oficiales, generales, arqueros?

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