Los pandas de Xi’an

La advertencia fue clara. Clarísima. Si llovía, los pandas no saldrían de su refugio. Malhaya… Al otro día sería la excursión que nos llevaría a ver a los animales más famosos de China, y la lluvia amenazaba con caer sin piedad.

A las seis de la mañana teníamos que estar en el lobby del hostal. ¡Ah, los chinos y su “organización”! Algunas veces funciona, otras… pues no… Y eso fue lo que pasó ese día, cuando la partida se postergó una hora. Mientras, el estómago en rebelión, hacía sonidos de guerra que se acentuaban a la mínima percepción de los olores pululantes en el aire. Pero ¿a quién le importaba hacerle caso a esa necesidad básica si el programa del día era ir a ver a los pandas?

Mr. Wo (y no es broma) era el conductor del no-en-tan-buenas-condiciones miniban, presentado por nuestra guía Janet (nombre occidental), quien sí tuvo el tino de hacerse de té y una cosita para desayunar. La odié.

Casi dos horas de camino, nos separaban de los pandas que viven en una especie de zoológico (hasta el sol de hoy no sé qué es “aquello”) con sospechosa similitud con la isla de Lost, en las afueras de la ciudad Xi’an o Xian, la capital de la privincia de Shaanxi. La desconsiderada lluvia se hacía cada vez más fuerte, y mis esperanzas se iban desapareciendo como mi hambre matutino.

Para nadie es un secreto que los chinos no son muy “dados” a la protección de los animales, los cuales -según ellos- tienen dos funciones en la vida – y esto no sé si lo dijo Mao o Confucio-: trabajar y ser comidos.

Al llegar al zoológico-Lost, lloviznaba. En las oscuras, húmedas y poco confortables jaulas, además de un oso pardo (a ese no le queríamos visitar…) había un panda adulto casi oculto. Estaba vivo y comía acurrucado.

Entonces emprendimos la caminata hacia donde supuestamente estarían los osos blanco-negro.

Y la primera advertencia se convirtió en clarividencia. Los pandas adultos ni se molestaron en salir. Sin embargo, una nueva generación de pandas estaba jugando haciendo caso omiso tanto del calabobos como de los curiosos visitantes con inevitables caras de tonta ternura.

Esos pandas bebés se la pasan todo el día jugando, haciéndose bromas unos a otros, de vez en cuando comen, y vuelta a seguir correteando. Hacen ruidos extraños y cuando se molestan, como que ladran. Y eso fue lo que hizo uno de ellos cuando, ya lloviendo a cántaros, uno de los cuidadores se tuvo que trepar en un árbol para bajarlo y meterlo en el refugio.

Ese fue el final del show.

2 pensamientos en “Los pandas de Xi’an

  1. Carolina

    Los pandas están libres pero en un sitio controlado, o cómo es el zoo ese. Aprovecha y visita a nuestros osos frontinos, además sobre ellos hay varias leyendas. Besos amiga

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