Pekín en un fin de semana

Poco en cantidad y mucho en calidad se puede hacer un fin de semana en la capital de China. Llegué a Beijing desde Changchun (en el norte) después de seis horas de viaje en un tren rápido. De verdad que era rápido, ya que en ciertos tramos alcanzó una velocidad superior a los 200 km/h.

No más bajarse del tren, ya se tiene la sensación de que se ha llegado a un mundo diferente. Tan es así que hay una parte de la estación destinada exclusivamente a la salida, lo cual hace que la increíble masa de gente fluya con más rapidez.

La cola es para tomar un taxi

A pesar de la gran cantidad de personas, caminando por la calle no se siente ningún tipo de sofoco, ni de apretujamientos. Jamás había visto aceras tan amplias, ni tan limpias, considerando que esa ciudad tiene (oficialmente) unos 17  millones de habitantes.

Ya durante los preparativos del viaje, tenía una especie de tristeza porque un fin de semana no es suficiente para ver lo que ofrece la ciudad. De una cosa sí que estaba segura: tenía que ir a la Muralla China y a la Ciudad Prohibida.


… y de repente empezó a nevar

La excursión a la Muralla empezó a las 6:10 am con un radiante: “Hello, my name is Rocky, I’m your guide and here is your breakfast. Please take sit into the bus” El desayuno consistía en una bolsita con un sandwich (de jamón y huevo) y un jugo azucarado de manzana. El viaje hasta el tramo de Simatai duró unas tres horas.

A punto de iniciar la caminata

La parte por donde NO caminé

Simatai es uno de las partes de la Muralla China con menos turistas y pocos vendedores ambulantes. Estando ya bien en lo alto, de repente empezó a nevar y el viento se hizo más fuerte. Sin ningún tipo de protección lateral, estás expuesto a que al dar un mal paso, hagas caída libre. Así que nos devolvimos.

Una de las partes más "intensas"

Es extraño lo que se siente en la Muralla China. Es una mezcla de “qué locura”, “qué miedo”, “¿qué hago yo aquí?”, “menos mal que se me ocurrió hacer esto de joven”, “qué maravilla”, “estos chinos sí que tienen vainas…”, etc. En resumen: es toda una experiencia que se debe hacer cuando estás sano, joven y no tienes sobrepeso.

A las cinco de la tarde ya estábamos de regreso en Beijing. Y sí, lo volvería a hacer.

Cinco minutos más tarde, empezó a nevar...

Interior de una caseta de vigilanciaCasi en la cima del cielo

En Tian’anmen

Siempre me ha llamado la atención la ironía que encierra el nombre de este lugar gigantesco. Para acceder a La Plaza de la Puerta de la Paz Celestial hay que pasar por controles militares. Toda la plaza está cercada y fuertemente custodiada. A los extranjeros y campesinos no les hacen mucho caso, pero a los chinos con pinta de estudiantes los revisan completamente y hasta les piden el carné de identidad.

Esperando el inicio del ritual

A eso de las seis de la tarde, o más bien cuando se oculta el sol, se hace una pequeña ceremonia que consiste en bajar la bandera, la cual ha estado durante todo el día ondeando frente a la Ciudad Prohibida y el inmenso retrato de Mao.

Se congrega bastante gente para ver la ceremonia, y lo que me llamó la atención fue el silencio absoluto que reina durante esos minutos, cuando un grupo de militares viene a bajar la bandera. Al concluir esto, otros militares vienen a despejar el lugar, ya que no se puede estar tan cerca de ese sitio donde se iza la bandera.

Merodeando por el distrito Dongcheng

Este distrito (donde también estaba nuestro hotelito) incluye la típica ruta turística, además de diferentes centros comerciales y el famoso Wangfujing Food Market, adonde llegamos por pura casualidad.

La entrada del Wangfujing Food Market

En la parte trasera de este merado se puede ver una gran cantidad de autobuses turísticos que vienen a dejar la manada de visitantes. A pesar de que está atestado de gente, vale la pena echarle una miradita y disfrutar de cómo los chinos se las ingenian para divertir a los turistas.

Toda esa zona está dedicada al comercio. Y no solamente hablo de tiendas, sino también de centros comerciales de considerables dimensiones, uno casi al lado del otro.

Dentro de un centro comercial

En la Ciudad Prohibida

En todas las guías turísticas advierten de que hay que llegar temprano a la Ciudad Prohibida. No es exageración, ya que a partir de la 11 de la mañana, a pesar de la inmensidad del lugar, se empieza a llenar, y eso se nota.

Una parte de los cinco puentes del Río de las Aguas Doradas frente a la Puerta de la Suprema Armonía

Son dos los leones chinos que custodian el palacio

Para visitar la Ciudad Prohibida se necesita tiempo, paciencia, agua, papel higiénico (en ningún servicio hay…) y tal vez algo para comer. Hicimos el recorrido en casi cuatro horas, y eso que no hicimos muchas pausas para descansar…

Tratando de fotografiar el "Trono del Dragón", dentro del Palacio de la Suprema Armonía.

Lo más cómico es que el trono no se puede ver completamente por las columnas

Hace poco en la televisión china (en un programa transmitido en inglés), un experto de ese país se quejaba de la falta de cultura de sus compatriotas. Pues la muy famosa costumbre de escupir por doquier no  cesa en este antiguo recinto. Tal vez peque de muy occidental, pero a mí jamás se me ocurriría ni escupir en un sitio como este, ni dejar que mi hijo orine en cualquier parte de este lugar.

Estas figuras están en todos los techos de los palacios. Para protegerlas del fuego, se disponía de inmensos recipientes de cobre con agua a los lados de los palacios

Por aquí pasaron 24 emperadores, y si las paredes hablaran, no quiero ni pensar lo de historias que contarían… Intrigas, asesinatos, tramas, dramas, amores, engaños… Toda una novela perfectamente escenificada en la muy prolija cinematografía china

Acceso de mármol para uso exclusivo del emperador de turno

.En el Jardín Imperial

En el Jardín Imperial

La Ciudad Prohibida albergó las larguísimas dinastías Ming y Qing. Luego fue sede de gobierno hasta 1911, cuando fue abierta al público. La gran mayoría de los visitantes son chinos, pero no sentí un verdadero respeto hacia el lugar, era más bien una curiosidad de circo antes que un aquí hay un pedazo de historia de este país. Tal vez sea una falsa percepción de mi parte…

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